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La experiencia del General Trevilla: precisión táctica y contundencia en el operativo de Tapalpa

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Por La redacción.

El reciente despliegue de las Fuerzas Armadas en nuestro estado, que culminó con el abatimiento del principal líder criminal de la región, no solo representa un golpe definitivo a las estructuras de la delincuencia organizada, sino que expone una magistral lección de estrategia militar. El recuento de los hechos, expuesto por el General Ricardo Trevilla Trejo, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, revela un nivel de pericia y coordinación que subraya la amplia experiencia del mando al frente de operaciones de alta complejidad.

El éxito de esta intervención se fundamentó en labores de inteligencia precisas y pacientes. Todo comenzó el 20 de febrero, cuando se logró ubicar a un hombre de confianza y, posteriormente, a una de las parejas del líder criminal en un complejo de cabañas en Tapalpa. La confirmación de que el objetivo principal permanecía en el lugar con su anillo de seguridad detonó la fase de planeación. El General Trevilla destacó un axioma fundamental de la doctrina militar aplicado en este caso: quien ejecuta la operación es quien debe planearla. Bajo esta premisa, el personal de Fuerzas Especiales del Ejército y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional diseñaron el cerco.

La táctica empleada se basó en la articulación de una fuerza operativa dividida en tres componentes clave, diseñados para garantizar el secreto, mantener la iniciativa y lograr el factor sorpresa. El primer componente fue el terrestre, conformado por tropas de élite conjuntas. El segundo, una fuerza aeromóvil integrada por seis helicópteros, la cual fue estratégicamente resguardada en estados aledaños a Jalisco para no alertar a los vigías del crimen organizado. El tercer componente consistió en apoyo aéreo mediante aviones Texano de la Fuerza Aérea Mexicana.

Durante la madrugada del 22 de febrero, la fuerza terrestre avanzó para ejecutar las órdenes de aprehensión. Al verse acorralado, el esquema de seguridad del objetivo respondió con extrema violencia, empleando armamento de alto poder que incluía lanzacohetes de origen ruso. La capacidad de fuego de los criminales fue repelida con firmeza, resultando en ocho delincuentes abatidos en este primer choque. El líder y su círculo más cercano emprendieron la huida hacia una zona boscosa, lo que obligó a las tropas a iniciar una persecución a pie en condiciones adversas.

La presión ejercida por el avance militar impidió que los criminales utilizaran nuevamente sus lanzacohetes de manera efectiva, aunque lograron impactar a un helicóptero que se vio forzado a realizar un aterrizaje de emergencia en instalaciones militares de Sayula, afortunadamente sin bajas para las fuerzas armadas. En el intercambio final de fuego entre la maleza, el objetivo principal y dos de sus escoltas resultaron gravemente heridos, lo que llevó al personal de sanidad militar a solicitar una evacuación aérea urgente. Los tres perdieron la vida durante el trayecto.

En este punto crítico de la operación, la experiencia del alto mando quedó nuevamente de manifiesto mediante una decisión que evitó una crisis de seguridad mayor en nuestra entidad. Al evaluar el altísimo riesgo de que el traslado de los cuerpos a la ciudad de Guadalajara desatara acciones violentas y bloqueos por parte de las células restantes, se ordenó desviar la aeronave hacia el Aeropuerto Internacional de Morelia en Michoacán, para de ahí trasladarlos en un avión Casa rumbo a la Ciudad de México. Esta lectura del entorno fue vital para proteger a la población civil de la zona metropolitana.

De forma simultánea, la inteligencia militar desplegó una operación quirúrgica en el municipio de El Grullo para desarticular la capacidad de respuesta del grupo. Tropas aeromóviles de fusileros paracaidistas interceptaron a Hugo «H», alias el «Tuli», principal operador logístico y financiero, quien desde esa ubicación coordinaba bloqueos, incendios y ofrecía recompensas económicas por cada militar asesinado. Al intentar escapar agrediendo a las autoridades, fue abatido, neutralizando así el brazo operativo que buscaba sumir al estado en el caos.

Para consolidar el control territorial y generar un efecto disuasivo contundente frente a cualquier intento de reorganización criminal, la Secretaría de la Defensa Nacional ordenó el despliegue inmediato de 2,500 efectivos adicionales desde el centro de la República y estados vecinos. Esta fuerza se suma a los 7,000 elementos ya destacamentados en Jalisco. El ordenamiento táctico, la capacidad de anticipación y la respuesta letal pero calculada, demuestran que, bajo la dirección del General Trevilla, el Estado mexicano cuenta con la solidez institucional y operativa para enfrentar los desafíos más severos a la seguridad nacional. 


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