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Jalisco nunca pierde, y si perdemos, arrebatamos

Por Alejandro Huerta

Así las cosas con el Gobierno “buena ondita” de Jalisco, porque en medio de un arrebato muy técnico, muy institucional y muy ciudadano, el gobernador Pablo Lemus, emecista, junto con su Consejo Técnico, autorizó el aumento a la tarifa del transporte público: de $9.50 a $14.00 pesos. Un ajuste pequeño… si no usas el transporte todos los días. Y que, de no detenerse, entraría en vigor el 1 de abril.

Todo indica que esta fue la gota que derramó el vaso. Y no porque no estemos acostumbrados a los aumentos, sino porque este ya raya en el abuso y el cinismo. Como decimos acá en Jalisco: se sirvieron con la cuchara grande, y todavía pidieron pan para limpiar el plato.

Porque lejos de ser un aumento común y corriente, la famosa Tarjeta Única “Al estilo Jalisco” terminó convertida en un negocio redondo, en colaboración con la financiera privada Broxel, quien administrará las tarjetas, el sistema y, por supuesto, cobrará por el servicio. Modernidad le llaman; rentabilidad asegurada, se entiende mejor.

A simple vista, pareciera que este es el tema álgido de la opinión pública. Pero no es lo verdaderamente importante en esta columna.

La pregunta de fondo es otra, mucho más incómoda:

¿Se hará valer el poder del pueblo?

Ese poder que, según nuestra Carta Magna, emana precisamente del mismo pueblo… aunque a veces parezca que necesita permiso.

¿Servirán de algo las manifestaciones?

Esas que no paran. El pasado sábado, ciudadanos marcharon por el centro de Guadalajara para expresar su rechazo a la subida de la tarifa. Durante la protesta, se corearon consignas como “Fuera Lemus” y “No al tarifazo”.

Los manifestantes recordaron que el servicio de transporte llegó a contar con dos empresas paraestatales, mismas que fueron desmanteladas por gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN). Se señala de manera particular al hoy senador Francisco Ramírez Acuña por la disolución de Sistecozome.

¿Servirán las redes sociales cargadas de mensajes de ciudadanos inconformes?

¿La recolección de firmas, firmas y más firmas para echar atrás este aumento, mejor conocido como el “tarifazo”, por medio de un referéndum que —dicho sea de paso— el propio gobierno ya se apresuró a declarar improcedente?

Lo que sí es un hecho es que no hay ciudadano común y corriente que apoye el tarifazo, por más que lo quieran vender como un salto a la modernidad, casi casi como si el camión ahora trajera Wi-Fi, aire acondicionado, sillones con masaje y trato VIP.

Y no son pocos los ciudadanos que ya empiezan a voltear a ver la revocación de mandato como una opción real. Porque, como están las cosas y con lo rápido que corren las noticias, no vaya a ser que esto termine afectando las próximas elecciones en Nuevo León, estado que también gobierna Movimiento Ciudadano.

Parece que hoy la moneda se volteó. Y esta vez la cosa no está nada fácil para el gobierno emecista, porque quienes exigen frenar este atropello al bolsillo también son jaliscienses.

Y Jalisco, cuando se cansa, no pierde… ni se deja arrebatar nada.

 

P.D.

De la remodelación a la glorieta de La Minerva, ya mejor ni hablamos.

Las obras pasan, los gobiernos también… pero la memoria del votante no siempre se borra con concreto nuevo.

Al final, las decisiones de hoy también se pagan en las urnas.

Para “La verdad Jalisco” Por Alejandro Huerta


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