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GUADALUPE: CAMINAR JUNTOS HACIA UN MISMO SÍMBOLO

Por Mariana Navarro

Cada 12 de diciembre, México camina.
Camina con los pies cansados, con veladoras en la mano, con cantos, con silencios.
Camina por calles, avenidas y carreteras.
Camina, incluso, quien no camina físicamente: el que recuerda, el que observa, el que se reconoce en el gesto colectivo.

El Día Guadalupano no es solo una fecha religiosa.
Es un acto cultural de coincidencia.

En Jalisco —territorio profundamente marcado por la religiosidad popular, la historia comunitaria y la vida barrial— la Virgen de Guadalupe funciona como un símbolo común hacia el cual distintos sectores de la sociedad deciden avanzar, aun desde motivaciones distintas.

Ese gesto —caminar juntos hacia un mismo símbolo— es el hilo que atraviesa esta celebración.

CUANDO EL ESPACIO PÚBLICO SE VUELVE RITUAL

Las imágenes se repiten cada año: peregrinos a pie, ciclistas, danzantes, familias completas, niños vestidos de Juan Diego, comerciantes que ajustan su jornada, calles cerradas, rutas modificadas.

La ciudad se transforma.

Guadalupe no se queda en el templo. Sale a la calle y reconfigura el espacio público. Durante horas —a veces días—, la lógica urbana se suspende para dar paso a otra narrativa: la del acompañamiento, la del trayecto compartido, la del llegar juntos.

En una sociedad fragmentada, caminar hacia el mismo punto no es un gesto menor. Es una forma de reconstruir sentido colectivo, aunque sea de manera temporal.

UN SÍMBOLO QUE ACOGE SIN EXIGIR UNIFORMIDAD

No todos los que participan lo hacen desde la misma fe.
Algunos caminan por promesa, otros por tradición familiar, otros por identidad cultural, otros por simple pertenencia territorial.

Guadalupe no exige una sola interpretación.
Funciona como lenguaje cultural amplio, capaz de contener múltiples lecturas sin romperse.

Ahí radica su fuerza simbólica: no convoca desde la imposición, sino desde el reconocimiento emocional. No pregunta por credenciales ideológicas ni religiosas. Ofrece cobijo.

En tiempos de polarización, esa capacidad de reunir sin uniformar resulta particularmente significativa.

FAMILIA, MEMORIA Y TRANSMISIÓN

En Jalisco, el Día Guadalupano sigue siendo, además, un evento familiar.
Las peregrinaciones se organizan por colonias, escuelas, parroquias, centros de trabajo. Hay coordinación, horarios, responsabilidades compartidas.

El ritual se vuelve pedagogía cultural.

Padres caminan con hijos. Abuelos narran historias. Los gestos se repiten y, al repetirse, se transmiten. No solo se hereda una imagen religiosa, sino una forma de estar juntos.

En un contexto donde los vínculos familiares se tensan por la prisa, la violencia o la precariedad, este día sigue funcionando como un punto de reencuentro simbólico.

MÁS ALLÁ DE LA FE: ¿PARA QUÉ SIGUE IMPORTANDO?

Analizar el Día Guadalupano no requiere adhesión religiosa.
Requiere entender qué necesidad social sigue atendiendo.

Guadalupe aparece donde hay cansancio, incertidumbre, fractura.
No resuelve los problemas estructurales del país, pero ofrece un marco simbólico de consuelo y pertenencia.

Y eso dice mucho de nosotros.

Habla de una sociedad que, aun en medio del desgaste institucional, sigue buscando puntos comunes.
Habla de la necesidad de caminar juntos, aunque no pensemos igual.
Habla del deseo profundo de no hacerlo todo en soledad.

CONCLUYENDO

El Día Guadalupano no es solo una celebración del pasado.
Es un espejo del presente.

Revela que, pese a la fragmentación, todavía existen símbolos capaces de convocar sin dividir.
Que todavía hay rituales que organizan la vida colectiva.
Que todavía sabemos caminar juntos hacia un mismo punto, aunque vengamos de caminos distintos.

Tal vez ahí radica su vigencia cultural:
en recordarnos que una sociedad no se sostiene solo con leyes o discursos,
sino con símbolos compartidos que permiten reconocernos como parte de algo mayor.

Y cada 12 de diciembre, México —y Jalisco en particular— vuelve a ensayar ese gesto:
caminar juntos, al menos por un día, hacia un mismo símbolo.


Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.

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