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Entre aplausos y camisetas negras: el primer informe morenista en Jalisco

Por Amaury Sánchez G.

Hoy, el patio del Congreso del Estado se llenó de historia y símbolos. Un cuarto de campesinos, tres cuartos de público en camisetas negras esto en el patio central y un 10% de público  general, y desde los barandales superiores, un río de camisetas negras con el nombre de Alberto Alfaro y las negras de abajo tambien, que parecía decir: “Éste es a quien seguimos”.

La organización del informe fue impecable, como si cada detalle hubiera sido medido con lupa. Norma López abrió el evento, y no solo habló de cifras y logros; recordó con emoción la lucha de cada mujer y hombre de su distrito, la esperanza de quienes ven en ella una voz que no se quiebra. Candelaria, con su carisma silencioso, logró que el público sintiera su cercanía: cada iniciativa, cada palabra, llevaba el sello de quien trabaja sin estridencias pero con resultados visibles en la vida de la gente.

Itzul Barrera recordó a quienes muchas veces son olvidados: los adultos mayores, los jóvenes que buscan oportunidades y las madres que luchan por sus hijos. Su informe no fue solo números; fue un abrazo simbólico a quienes confían en que alguien los escucha. Alejandro Barragán, con su estilo directo, transmitió firmeza y compromiso, dejando claro que la política también se construye con honestidad y pasos seguros, no solo con discursos.

Martin Franco  llevó su informe con la sencillez de quien ha caminado calles y caminos y los campos de su distrito, reconociendo los rostros de sus vecinos y el esfuerzo diario de quienes esperan respuestas concretas. Martha Arizmendi emocionó al recordar historias de superación de su gente, demostrando que la política cercana es la que toca vidas, no solo genera titulares.

Y entonces, Alberto Alfaro. Él fue la sorpresa esperada: aplausos, gritos de “¡Presidente!” y un reconocimiento que se sentía en el aire. Habló de casas de enlace abiertas, de su trabajo en tierra, de la cercanía que mantiene con sus electores. No prometió imposibles; demostró que la política puede ser tangible, humana, cercana. Su mensaje era claro: el vínculo con la ciudadanía no se improvisa, se construye día a día.

Miguel de la Rosa cerró el grupo con firmeza y calidez, mostrando que también se puede ser político y sensible, que la gestión pública no está reñida con la empatía y la atención genuina a quienes representan.

Entre aplausos y sonrisas también se notó la ausencia de quienes se distanciaron del movimiento: Alejandro Puerto y Brenda Carrera, recordándonos que en política, la cercanía y la acción valen más que el nombre.

Hoy no fue solo un informe: fue una fotografía de líderes que caminan la tierra, que escuchan y actúan, y un recordatorio de que en Jalisco, la política se siente en los barrios, en los caminos rurales y en cada mano estrechada. Y en ese patio, quedó claro quiénes ya construyen futuro y quiénes aún están en la periferia del juego político.


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