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El vacío de las candidaturas anticipadas en Jalisco

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Por: Jorge Eduardo García Pulido

La política en Jalisco atraviesa un episodio de simulación que raya en el desgaste innecesario. La entrega anticipada de candidaturas por parte de Erika Pérez y Carlos Lomelí Bolaños se revela hoy como una estrategia estéril, una inversión de tiempo y capital político que carece de sustento en la realidad estructural del partido. Mientras los aspirantes locales se desgastan en actos de presencia y promesas de representación, los hilos del poder real se tejen en escritorios lejanos a la voluntad del grupo local.

La reciente separación de Leonel Cota del estado ha dejado la cartera abierta para que el grupo de Ricardo Monreal tome el control absoluto del tablero. Sin la mediación de Cota, que servía como un eje de equilibrio, la balanza se inclina definitivamente hacia la estructura monrealista. El diseño de la competencia electoral en la entidad ahora responde a una lógica centralizada bajo la dupla que ha elegido la Presidenta de México: Ricardo Monreal y Ricardo Villanueva Lomelí. Al ser Monreal el coordinador de la circunscripción, posee el mando directo sobre la validación de los espacios, ignorando los compromisos previos del médico.

En este contexto, pensar que la segunda circunscripción representa una opción de refugio para el doctor Lomelí es un error de apreciación. Aunque Alejandro Peña mantuvo sociedades en el pasado con Lomelí, la realidad es que Peña hoy coordina bajo una agenda de intereses nacionales que ya no coinciden con el proyecto local del médico. Esa sociedad del pasado no garantiza un espacio en el presente; al contrario, deja a los adeptos del Doctor, en un desamparo operativo frente a un Peña que ahora juega en una liga distinta.

No se debe perder de vista que Ricardo Monreal posee un mapa detallado del ecosistema político local. Su cercanía histórica con Enrique Alfaro y su rol como coordinador para Movimiento Ciudadano en 2012 lo sitúan como un actor que conoce perfectamente las fortalezas y debilidades del Senador Clemente Castañeda y de la presidenta de Guadalajara, Vero Delgadillo. Esta familiaridad, sumada a su facultad de coordinador y la estructura de Villanueva, le permite a la dupla presidencial operar con una precisión que el lomelismo simplemente no posee.

La fórmula de Carlos Lomelí con Adán Augusto López resulta carente de peso real. Los refugiados del adanismo, como la diputada Itzul Barrera, quedan atrapados en una inercia sin trascendencia. La idea de que el doctor logrará arrastrar a la militancia hacia sus intereses personales es un error de cálculo; ha perdido identidad y credibilidad ante una base que ya no lo reconoce. Los exmorenistas han migrado hacia otros espacios, dejándolo en una posición donde solo le resta intentar mostrar un control sobre los municipios como última moneda de cambio para negociar su propia supervivencia política.


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