
Por: Arq. Jorge Eduardo García Pulido
Para: La Verdad Jalisco
Lo que hoy vemos en el gobierno de Jalisco no es un simple reacomodo de sillas; es el desmantelamiento de un esquema que operó con una lógica cerrada durante seis años. La inminente salida de David Zamora, Salvador Zamora, Alberto Esquer y Diego Monraz marca el fin de una era y confirma lo que muchos sostuvimos: el «Alfarismo» ortodoxo y sus aliados «pseudo-panistas» (esa amalgama emiliista-yunkista) se convirtieron en un lastre político para la nueva administración de Pablo Lemus.
La salida de Alberto Esquer de la Jefatura de Gabinete tiene una lectura política contundente: se acabó la concesión de poder a los grupos conservadores heredados del viejo PAN. Esquer representaba la influencia del grupo del exgobernador Emilio González Márquez dentro de la estructura naranja; una alianza pragmática que fue útil para ganar elecciones, pero que resultó ideológicamente incómoda para gobernar. Al retirarlo, Lemus recupera el control operativo de su gabinete, dejando claro que no gobernará bajo la tutela de agendas externas o de «El Yunque».
Por otra parte, la salida de David Zamora de la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública (SIOP) debe leerse con lupa. Desde los tiempos de Enrique Alfaro, la obra pública en Jalisco fue señalada constantemente por operar bajo una lógica de favoritismo excluyente.
Para la gran mayoría del gremio, la percepción fue clara: no ganaban los mejores proyectos ni los presupuestos más competitivos, sino aquellos cercanos a una cúpula que parecía monopolizar los fallos. Desmantelar esa estructura, que muchos constructores vivieron como una «secta empresarial», no es solo un acto administrativo, es un acto de justicia para el sector. Lemus tiene ahora la oportunidad de democratizar la obra pública y acabar con las sospechas de favoritismo.
Asimismo, la partida de Diego Monraz no debería quedar en una simple renuncia. La Secretaría de Transporte ha vivido inmersa en la polémica, con señalamientos constantes sobre irregularidades operativas e incluso investigaciones periodísticas que apuntaron al tema del combustible (huachicol) y el manejo discrecional de concesiones.
La pregunta para el nuevo gobierno es obligada: ¿Se auditará a fondo? Si la limpieza es real, no puede haber borrón y cuenta nueva. La ciudadanía exige saber si las irregularidades denunciadas durante años tendrán consecuencias o si la salida del funcionario será su salvoconducto de impunidad.
En este tablero, es justo reconocer que Salvador Zamora fue quien mejor supo leer el clima político, desmarcándose sutilmente del alfarismo radical para tender puentes.
Jurídica y políticamente, su ruta natural está en el Congreso. Al haber tomado protesta como diputado antes de asumir la Secretaría General, su regreso es legal y estratégico. ¿Lo veremos como Presidente de la Bancada? Sería lo más sensato para la gobernabilidad. Su perfil negociador es necesario para destrabar la agenda legislativa y permitir que el gobierno de Lemus transite, aportando el oficio político que a veces falta en la operación administrativa.
Finalmente, hay que señalar una verdad del tamaño de una catedral: el verdadero «hacedor de talentos» y estratega detrás del éxito de Movimiento Ciudadano se llama Clemente Castañeda.
Fue Clemente quien, con visión de largo plazo, sostuvo la candidatura de Pablo Lemus y tejió su red de soporte, incluso ante el evidente desagrado y las trabas que ponía Enrique Alfaro. Pero la visión de Castañeda no se detiene en Jalisco.
Él ha sido el articulador de la marca a nivel nacional. Entendió antes que nadie que el fenómeno deSamuel García en Nuevo León no era un accidente, sino una apuesta de futuro que requería estructura y respaldo institucional cuando otros dudaban.1 Y es esa misma visión de «cazatalentos» y expansión la que hoy impulsa la insistencia de Jorge Álvarez Máynez por conquistar el Estado de México.
Mientras el alfarismo jugaba a encerrarse en su isla de poder, Clemente jugaba al tablero nacional. Si hoy MC tiene gobernadores y futuro en el centro del país, es gracias a que Castañeda supo identificar y potenciar a los perfiles ganadores. Lemus toma el control en Jalisco, pero es Clemente quien sigue dibujando el mapa.
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