
Jorge Eduardo García Pulido
En Corcuera, donde el incienso se mezcla con el WiFi y los rezos se transmiten en vivo, ha comenzado una nueva cruzada. Los dragones han despertado. No son bestias mitológicas, sino figuras públicas con discurso moralizante, estética empresarial y trauma no resuelto. Liderados por el gran dragón Ricardo Salinas Pliego —empresario, tuitero y apóstol del libre mercado— esta cruzada digital busca purificar el alma nacional… a través del sarcasmo, el emprendimiento y la cancelación selectiva.
De la Cristiada a la Cristalización emocional
La Cristiada fue una guerra por la fe. Hoy, la cruzada es por la narrativa. Los dragones de Corcuera ya no defienden templos, sino ideologías disfrazadas de sentido común. Salinas Pliego, con su retórica de “hazte rico sin llorar”, encarna el nuevo cristero: no porta fusil, pero sí un iPhone con saldo ilimitado y frases como “el pobre es pobre porque quiere”.
Esta narrativa, aunque disfrazada de empoderamiento, se alimenta de una herida profunda: la infancia no atendida. Jóvenes que crecieron entre carencias afectivas, violencia simbólica y abandono institucional, ahora buscan en el éxito inmediato una forma de redención. Pero sin trabajo emocional, sin procesos terapéuticos ni redes de contención, el vacío se disfraza de ambición.
Fundamentos técnicos: trauma, dopamina y algoritmo
Desde la neurociencia, sabemos que el cerebro infantil expuesto a estrés crónico desarrolla patrones de recompensa inmediatos. El algoritmo de TikTok y las frases de Salinas Pliego activan la dopamina, generando placer fugaz y adicción a la validación. Pero sin trabajo profundo —sin introspección, sin comunidad, sin propósito— el joven se convierte en consumidor de promesas vacías.
La psicología del desarrollo lo confirma: sin apego seguro, el individuo busca pertenencia en discursos extremos. Y ahí entran los dragones: ofrecen identidad, certeza y enemigos claros. El meme impuro, el chairo, el burócrata. Todo lo que no encaje en su cruzada es etiquetado como “obstáculo al éxito”.
Capitalismo emocional: el nuevo evangelio
La cruzada digital no busca justicia, sino eficiencia. No promueve comunidad, sino competencia. Y en ese modelo, el trauma infantil se convierte en combustible: jóvenes que creen que sin trabajo, sin reflexión, sin vínculos, podrán ser ricos. Porque así lo dice el dragón. Porque así lo repite el algoritmo.
Pero la riqueza sin propósito es solo acumulación. Y la acumulación sin sentido es solo otra forma de vacío. Los dragones no lo dicen. No conviene. Mejor vender esperanza en cuotas, con intereses y frases motivacionales.
Conclusión:
Los dragones de Corcuera no son el problema. Son el síntoma. El verdadero desafío está en sanar las heridas, construir comunidad y desmontar el evangelio del éxito sin alma. Porque si no, seguiremos criando dragones… y creyendo que el fuego purifica
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