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El costo de la desmemoria en Tonalá

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Por: Jorge Eduardo García Pulido

El ejercicio de la política en Tonalá suele alcanzar niveles de surrealismo que desafían cualquier lógica administrativa. Hoy, el regidor de Movimiento Ciudadano, Francisco Arana, pretende erigirse como el guardián de la moral pública y el gasto eficiente, cuestionando que la actual administración de Sergio Chávez lleve esparcimiento a las familias tonaltecas. Sin embargo, para tener la lengua tan larga, es requisito indispensable tener la cola muy corta, o al menos, una memoria un poco más funcional que la que presume el hijo de Jorge Arana.

Hablar del apellido Arana en Tonalá es hablar de una herencia de deudas asfixiantes y contratos voraces que, hasta el día de hoy, siguen drenando las arcas municipales. El regidor parece olvidar que su padre transitó por la presidencia municipal dejando un desierto de infraestructura; no se recuerda un solo metro cuadrado de pavimento que haya transformado la realidad de las colonias más necesitadas. Lo que sí dejó, en un despliegue de narcisismo puro, fue el nombre de su propio padre —abuelo del actual regidor— impreso en la placa de una calle. El único mérito para tal honor fue la creencia ciega de Jorge Arana de que haber engendrado a un hijo como él era un prodigio que la historia debía grabar en piedra.

Esa inmadurez política que hoy exhibe Francisco Arana es el reflejo de una estirpe que se acostumbró a ver el presupuesto público como un patrimonio familiar. Mientras Sergio Chávez lidia con los remanentes de las finanzas quebradas y los compromisos leoninos heredados por el «aranismo», el regidor naranja se da el lujo de exigir austeridad en la recreación popular. Es la ironía máxima: quien desciende del responsable de la parálisis del desarrollo en el municipio, hoy se indigna porque el pueblo recibe un momento de distracción.

El costo político del apellido Arana es caro y Tonalá lo sigue pagando cada vez que se debe abonar a las deudas del pasado en lugar de invertir en el futuro. Antes de lanzar juicios sobre cómo se gobierna hoy, el regidor debería caminar por esas calles que su padre ignoró y reflexionar si el apellido que porta le da autoridad o simplemente le impone una deuda histórica que todavía no empieza a liquidar.

P.D. Peso por peso, Arana arreglaba sus cuentas públicas en el congreso ¿ya se te olvidó Paquito?


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