
Por: Arq. Jorge Eduardo García Pulido
Mientras el discurso oficial se empeña en dibujar una metrópoli de vanguardia, la realidad a ras de suelo revela una ciudad fracturada. Las plazas y espacios públicos, lejos de ser el orgullo tapatío que atrae turismo, se han convertido en postales del olvido. No solo el visitante extranjero evita estas zonas por su evidente deterioro; son los propios ciudadanos quienes sufren la pérdida de identidad de lugares emblemáticos como La plaza El Refugio, un espacio que hoy urge de mantenimiento y que languidece ante la mirada indiferente de las autoridades.
Ante este escenario, es inevitable lanzar una pregunta directa a la actual presidente: ¿Existen acaso dos Guadalajaras? ¿La de su fantasía, brillante y exclusiva, y esta otra, la real, que se cae a pedazos? La desconexión es alarmante. Pareciera que se gobierna para una maqueta arquitectónica impoluta y no para la gente que habita, camina y padece la ciudad todos los días.
Esta crisis no es nueva, pero sí se ha perfeccionado. La herida urbana del Parque Morelossigue abierta desde la gestión de Alfonso Petersen, cuando el espejismo de las Villas Panamericanas (2011) arrasó con manzanas enteras de patrimonio para dejar terrenos baldíos. Lo que inició como un desastre de planificación, hoy se ha transformado, bajo la administración de Movimiento Ciudadano, en un lucrativo modelo de negocio: la modalidad Gobierno-Empresa.
Esos terrenos, que debieron ser recuperados para el disfrute público, hoy son el epicentro de una gentrificación agresiva. Se intervienen espacios selectos no para sanar el tejido social, sino para elevar la plusvalía de desarrollos privados millonarios, desplazando a los vecinos y borrando la historia de los barrios tradicionales.
La estrategia es clara: invertir donde hay negocio inmobiliario y abandonar donde solo hay ciudadanos de a pie. Pero la paciencia tapatía tiene un límite. Esa Guadalajara real, la que ve cómo El Refugio se apaga por falta de presupuesto mientras brotan torres en terrenos especulativos, es la misma que tomará decisiones en el futuro.
Una ciudadanía ignorada es una ciudadanía que difícilmente volverá a elegir a quien prefiere vivir en una fantasía antes que atender su realidad.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.




