
Por: Arq. Jorge Eduardo García P.
En el México de las redes, donde el poder se mide en retuits y la evasión fiscal se convierte en espectáculo, Ricardo Salinas Pliego ha erigido un muro digital desde el cual lanza misiles ideológicos, memes provocadores y desafíos al Estado. En lugar de pagar los más de 63 mil millones de pesos que adeuda al fisco, ha preferido armar un ejército de “choco fans” que lo defienden con fervor, mientras la Generación Z se convierte en rehén emocional de su narrativa.Rehenes del sarcasmo: la Generación Z como audiencia cautiva
La juventud mexicana, marcada por la precariedad, el desencanto institucional y la hiperconectividad, ha encontrado en “Tío Richie” una figura que les habla sin filtros. Su discurso libertario, disfrazado de irreverencia, seduce a quienes ven en él un rebelde con causa… propia. No importa que no pague impuestos, si al menos se burla de los políticos que tampoco lo hacen.
El muro como dispositivo de propaganda
Desde su cuenta de X, Salinas Pliego ha convertido la evasión en narrativa. Cada tuit es una escena de su performance: el empresario que se ríe del SAT, del presidente, de los ambientalistas, de los sindicatos. Su muro no es solo digital: es ideológico. Y detrás de ese muro, hay una genealogía que no puede ignorarse.
El linaje: Hugo Salinas Price y la Coparmex
El padre de Ricardo, Hugo Salinas Price, no solo fundó Elektra: fue uno de los impulsores de la Coparmex, organización empresarial que desde su origen ha representado los intereses de la derecha económica mexicana. Su cercanía con grupos ultraconservadores como el MURO y su simpatía con el Yunque lo colocan como mecenas de una visión empresarial que mezcla catolicismo, anticomunismo y poder económico.
Este linaje no es anecdótico: explica la lógica de confrontación que hoy encarna Ricardo. El muro de Tío Richie no es nuevo: es heredado. Y sus aliados no son improvisados.
¿Simulación o estrategia? Los atentados en Jalisco y el vínculo con Pablo Lemus
En este contexto, los recientes atentados en Jalisco —difusos, espectaculares, mediáticos— podrían leerse como parte de una estrategia simbólica compartida con su correligionario Pablo Lemus Navarro, actual gobernador del estado. Ambos comparten una visión empresarial del poder, una narrativa de orden y progreso que se sostiene en la espectacularización del conflicto.
¿Son reales los atentados? ¿O son simulacros que refuerzan la necesidad de “mano dura”, de inversión privada, de control territorial? En el teatro político de Jalisco, donde la seguridad se mezcla con el marketing, todo parece posible.
El grupo de choco: entre la militancia y el fanatismo
Mientras tanto, Salinas Pliego sigue construyendo su ejército emocional. Jóvenes que repiten sus frases, atacan a sus críticos y defienden su derecho a no pagar impuestos. No es militancia: es fanatismo digital. Y en ese juego, el empresario gana.
El Estado en pausa
La Suprema Corte titubea. El SAT litiga. Y mientras tanto, Tío Richie actúa. Desde el muro, desde la historia, desde la narrativa heredada. La pregunta sigue flotando: ¿quién le cobra al cobrador?
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