Por Amaury Sánchez G.
En México nos encanta pensar que pagarle mejor al trabajador es una bofetada para la economía… cuando en realidad es exactamente lo contrario. En un país donde el 60% del consumo interno depende del bolsillo de la gente que gana menos, subir el salario mínimo no es un lujo: es una estrategia de crecimiento nacional. Una jugada clave que durante décadas nos negamos a hacer por miedo, por inercias y por ese viejo cuento de que “si sube el salario, quiebra la empresa”.
Pues no.
La historia reciente ya nos demostró otra cosa.
El mito de que subir salarios mata negocios (spoiler: no es cierto)
Del 2019 al 2024, México duplicó el salario mínimo, y aun así:
no hubo olas masivas de quiebras,
no se destruyó el empleo formal,
no explotó la inflación,
y el consumo interno creció como no se veía en más de una década.
Si a alguien le sorprendió, es porque insistió en ver la economía como si fuera 1985.
La teoría económica moderna —no la de salón polvoso— dice algo clarito:
Cuando el salario mínimo está muy por debajo de la productividad real del trabajador, aumentarlo no solo no destruye empleo… puede incrementarlo.
Y en México, el salario estaba tan deprimido que era casi una caricatura.
Subirlo era cuestión de dignidad… y de lógica económica.
Más salario = más consumo = más ventas = más crecimiento
Aquí va la fórmula que casi nadie quiere decir en voz alta:
1. El trabajador pobre no ahorra, consume.
2. Lo consume aquí, no en China ni en Estados Unidos.
3. Ese consumo sostiene al comercio, a las PYMES, a la industria.
4. Y ese círculo virtuoso levanta el PIB desde abajo.
Por eso, cuando sube el salario mínimo:
aumenta la demanda local,
crecen las ventas de negocios pequeños,
se dinamiza la economía,
mejora la recaudación,
y el país se mueve.
La economía mexicana no crece por Wall Street ni por los grandes corporativos…
crece cuando la gente compra tortillas, zapatos, medicinas y reparaciones del taller.
Y eso solo pasa cuando tiene dinero en el bolsillo.
El argumento que nadie explica: subir salarios reduce la informalidad
La informalidad mexicana no existe porque al empresario le guste ser “pirata”.
Existe porque la formalidad sale cara y el salario era demasiado bajo para retener gente.
Cuando el salario mínimo sube:
la gente prefiere trabajos formales (IMSS, crédito, estabilidad);
baja la rotación;
sube la productividad;
se estabilizan los costos de capacitación;
y la empresa deja de estar parchando personal cada 15 días.
Países como Chile, España y Corea del Sur lo vivieron:
más salario = más formalidad.
Y la formalidad no solo es buena moralmente…
es buen negocio.
“Pero las PYMES no aguantan…”: falso, siempre que se acompañe el incremento
Sí, aumentan los costos laborales.
Pero eso no convierte al aumento en malo; lo que vuelve tóxica la medida es no acompañarla con política pública.
Ahí está el verdadero debate.
Un aumento al salario mínimo es positivo, pero necesita:
incentivos fiscales temporales,
créditos blandos,
capacitación y digitalización,
y un programa de productividad.
No es que las PYMES no puedan.
Es que no deben hacerlo solas.
Un país serio no abandona a su motor económico.
Y un gobierno inteligente sabe que pagar mejor fortalece al mercado interno.
El país que paga salarios miserables siempre será un país miserable
Un salario mínimo ridículo no atrae inversiones.
Lo único que genera es pobreza, rotación laboral y consumo deprimido.
Las naciones que prosperan siempre transitan por la misma puerta:
salarios dignos + productividad alta + empresas vivas.
Japón lo hizo.
Irlanda lo hizo.
Corea lo hizo.
China lo está haciendo.
Nadie apostó a crecer regateando cada peso al trabajador.
El aumento al mínimo 2026: una pieza necesaria del rompecabezas
¿Aumenta costos? Sí.
¿Lastima a empresas débiles si no se les apoya? También.
¿Es positivo para la economía nacional? Definitivamente sí.
Porque:
Forza a mejorar productividad.
Inyecta dinero al mercado interno.
Reduce desigualdad.
Incentiva la formalidad.
Eleva estándares laborales.
Desactiva pobreza crónica.
Y lo más importante:
saca a México de ese círculo tóxico donde trabajas más horas que un europeo pero ganas lo mismo que en 1990.
Aumentar el salario mínimo no es una amenaza.
Es la señal inequívoca de que un país decidió dejar de competir siendo pobre.
Conclusión
Subir el salario mínimo no es cosa de izquierdas o derechas.
Es cosa de economía real.
La que se mide no en discursos, sino en la mesa de la casa.
En lo que compra la señora del mercado.
En lo que gasta el trabajador en transporte, comida y renta.
México no puede aspirar a ser una potencia económica con salarios de sobrevivencia.
El país tiene que elegir entre pagar mejor… o seguir empujando a millones a la pobreza laboral.
Y si el gobierno hace bien su tarea y acompaña el aumento con política seria, entonces sí:
el salario mínimo 2026 no será una carga… será la chispa que necesitaba el motor apagado del crecimiento nacional.
Así de claro.
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