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Fracaso educativo a la vista.

Por Carlos Anguiano

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La Prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) fue creada en 1997 por la OCDE(Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) para medir qué tan bien preparados están los jóvenes de 15 años para enfrentar los retos de la vida adulta real. Su importancia radica en que no evalúa la memorización de materias escolares, sino la capacidad de aplicar conocimientos en lectura, matemáticas y ciencias. Funciona como un termómetro mundial que permite a los países comparar sus sistemas educativos, identificar fallas y diseñar mejores leyes o métodos de enseñanza para asegurar el futuro laboral y económico de sus ciudadanos.

En México durante los últimos años, se ha despreciado y hoy enfrentamos resultados educativos lamentables que no pueden ocultarse ni deberían utilizarse para hacer propaganda política. Los últimos resultados deberían servir para reconocer que estamos fallando en la educación pública en México. Como ciudadano, como profesional de la educación y como alguien que ha dedicado buena parte de su vida a formar jóvenes, me inconforma profundamente que durante años hayamos discutido más sobre quién tiene la culpa que sobre cómo recuperar el aprendizaje perdido.

Los números son contundentes. En 2025, México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Los promedios de la OCDE fueron 463, 461 y 482, respectivamente. En matemáticas, apenas 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel mínimo de competencia, frente a 65% en la OCDE. En lectura lo consiguió 50%, contra 69% internacionalmente; en ciencias, 50%, frente a 74%.

No son simples posiciones en una tabla. Detrás de cada porcentaje hay jóvenes de 15 años que tendrán que incorporarse a una sociedad cada vez más exigente, competir por empleos, estudiar una carrera, emprender, resolver problemas y tomar decisiones. Y muchos llegan a esa etapa sin haber consolidado competencias fundamentales.

Lo más preocupante es que esto no comenzó ayer. En 2018 México obtuvo 409 puntos en matemáticas, 420 en lectura y 419 en ciencias. En 2022 descendió a 395, 415 y 410. Ahora, en 2025, matemáticas volvió a caer hasta 388 y lectura quedó en 408; ciencias se mantuvo prácticamente estable. La propia OCDE advierte que la expansión de la educación secundaria y la incorporación de jóvenes de sectores anteriormente excluidos influyen en la comparación de los resultados. Es una consideración importante y debe reconocerse. Pero no borra el problema: el desempeño mexicano permanece muy por debajo del promedio internacional.

Aquí es donde mi crítica se vuelve personal. Durante los últimos ocho años hemos tenido gobiernos identificados con la cuarta transformación, que han hecho reformas, discursos, nuevas políticas educativas, cambios curriculares y acciones que generan amplios debates ideológicos e inconformidades, pero seguimos sin resolver lo esencial: que nuestros niños y jóvenes aprendan.

No me interesa convertir PISA en un arma partidista. Sería tan irresponsable como ignorarla. La caída no puede atribuirse exclusivamente a un solo gobierno: una evaluación de esta naturaleza refleja procesos acumulados durante años. Pero precisamente por eso resulta más grave. Hemos tenido tiempo, recursos, instituciones y diagnósticos suficientes para saber qué está ocurriendo.

Y mientras nosotros discutimos etiquetas, modelos educativos y batallas partidistas, el mundo está enseñando matemáticas, ciencias, lectura, tecnología y pensamiento crítico.

La educación necesita mucho más que propaganda. Necesita maestros respaldados, mejores condiciones escolares, evaluación seria, recuperación de aprendizajes fundamentales, infraestructura, disciplina académica, participación de las familias y una política pública que sobreviva a los sexenios. Necesita también dejar de tener miedo a medir.

PISA 2025 trae otro dato que debería encender las alarmas: 48% de los estudiantes mexicanos estaba en escuelas donde los directores reportaron carencias de materiales educativos y 50% en escuelas donde la infraestructura física era considerada insuficiente para la enseñanza.

No podemos seguir confundiendo inclusión con aprendizaje, ni discurso con resultados. La primera es indispensable; el segundo es irrenunciable.

México no necesita una guerra ideológica por la educación. Necesita una política nacional de Estado que coloque al estudiante por encima del partido, al conocimiento por encima de la propaganda y al futuro por encima de la próxima elección.

Nuestro gobierno de México sabe que los estudiantes no saben. La pregunta es qué vamos a hacer, juntos, para que la próxima generación tenga una educación a la altura del país que queremos construir. La necesidad de hacer políticas públicas diferentes y emprender acciones inmediatas, ha sido revelada. Atenderla, es cuestión del gobierno y es responsabilidad ciudadana evaluarlos y calificarlos a ellos.


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