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El Mundial 2026 en Jalisco: Un Espejismo de Primer Mundo Financiado con Nuestra Dignidad

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Por Jorge Eduardo García Pulido

El silbatazo inicial de la Copa del Mundo está a la vuelta de la esquina, y con él, se destapa la crudeza de una gestión estatal enfocada en la vitrina internacional, relegando a los ciudadanos de a pie. El discurso oficial de Movimiento Ciudadano en Jalisco busca proyectar una metrópoli de primer mundo, pero la realidad, los números y las decisiones de las últimas semanas evidencian un profundo clasismo que atenta contra la dignidad de los tapatíos.

Si de alguien debemos estar orgullosos es de Don Jorge Vergara Madrigal QEPD, pues su espíritu es quien hace posible que este evento se lleve a cabo en la ciudad, viendo cristalizado su sueño de un Mundial en la casa de las Chivas. Y sí, la infraestructura deportiva impresiona. Su hijo, Amaury Vergara, ha confirmado inversiones millonarias de capital privado —rondando los 6 millones de dólares— tan solo para modernizar la iluminación y adaptar la cancha del Estadio Akron, que recibirá a casi 50 mil espectadores por partido. Tenemos, sin duda, un estadio de primer mundo.

Pero, ¿de qué sirve un estadio de primer mundo en una ciudad de tercera, administrada por un gobierno municipal de Guadalajara de cuarta y sin transformación?

Penosamente, Guadalajara no está lista para recibir al turismo. Mientras se despliegan operativos y el gobierno del estado ejerce presupuestos multimillonarios —este año superiores a los 181 mil millones de pesos—, la periferia de la metrópoli enfrenta un abandono sistemático. Se garantizan servicios de primera para el turista y las zonas hoteleras, mientras el oriente de la ciudad sufre los estragos de un estiaje severo y brotes de sarampión que castigan a los más vulnerables.

A esta desigualdad se suma la reciente decisión de la Secretaría de Educación Jalisco de enviar a los estudiantes a clases virtuales los días de partido en la ciudad. Se privilegia el libre tránsito de la élite que asistirá a los estadios, sacrificando la regularidad educativa y desestabilizando la dinámica de miles de familias trabajadoras. El espacio público se privatiza a favor del espectáculo.

Para el ciudadano común, la «fiesta mundialista» es inalcanzable. Revisemos los costos: el boleto más económico en reventa y plataformas oficiales para el partido México vs. Corea del Sur del 18 de junio en el Estadio Akron, no baja de los $1,693 a $1,750 dólares (casi $30,000 pesos mexicanos).

A lo más que puede aspirar el tapatío promedio es a llenar el álbum Panini, y ni eso es accesible. La matemática y el mercado son crueles: con sobres a 25 pesos, la ilusión de completar la colección sin intercambios —comprando solo sobres— puede costar hasta la aberrante cantidad de 26 mil pesos. Incluso comprando cajas de 100 sobres, el gasto supera fácilmente los 3,500 pesos. Una bofetada económica en medio de la inflación.

La justa deportiva en Jalisco ha dejado de ser un motivo de unión comunitaria para convertirse en la confirmación de un modelo de gobierno excluyente. Un modelo que diseña la ciudad para la foto, el espejismo y el visitante de alto poder adquisitivo, marginando las urgencias vitales de quienes habitan y sostienen la capital todos los días. Un Mundial donde el pueblo mira desde afuera cómo la élite juega en su propia casa.


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