Por Juan Carlos Hernández A.
México es lo que es y a pesar de muchos, hoy dia, gracias al encuentro de los acontecimientos de la conquista – que no aniquilación- efectuada por el entonces Hernan Cortés, que llegó desde Cuba, con 11 barcos y 600 hombres en su expedición hacia las orillas del continente; hombre visionario, intrépido y valiente que tomó la decisión de descubrir nuevos horizontes y que fue la nueva España, en que ciertamente habitaban y aun los hay y para bien, comunidades indígenas.
En un país de contrastes como lo es México en donde el encuentro de dos razas, en el entonces 1521 hahecho visiones diferentes, pero que, al combinar sus culturas, su gente ha pasado a una unión que jamás ha sido separada, pues han transitado por diversas etapas y formas de pensamiento y de cultura que ha servido para amalgamar lo que hoy somos: mexicanos, la raza cósmica que llamó, el maestro José Vasconcelos. Los mexicanos somos una aleación de sangre de España y América, guerreros por antonomasia, de sangre que corre por las venas hirviente, efusiva, gallarda, animosamente combativa.
Surge el tema porque, como usted sabe, se polemizó por el funcionariado público que se han manifestado, otra vez, en hacer que se pidan disculpas por estos acontecimientos ya históricos, como también tomar el tema como un distractor, pues es a destiempo y sin sentido reclamar hoy día lo ya pasado.
Cuando América fue descubierta por los europeos, fue una maravillosa forma de mostrar cómo dos culturas diferentes en todo, fue posible aprovechar la oportunidad de combinar experiencias, conocimientos y pensamientos disímbolos; hay que recordar que para Hernan Cortés no hubiese sido posible ninguna refriega de enfrentamientos sin la ayuda de varios pueblos, como los Tlaxcaltecas, Totonacos, Texcocanos y otra etnias de la zona que tenían el deseo de liberarse del dominio de los Aztecas, y con ello los españoles salieron victoriosos.
Surge la pregunta sobre si hay el secuestro de la verdad, entorno a los hechos que varios buenos autores han escrito sobre el tema; los cambios relacionados con la civilización, descrita o entendida del uso y costumbres de realización de matanzas sangrientas como ofrecimiento a sus “dioses” en un paganismo campante, fue lo que mejor describió Mel Gibson en su película Apokalypto.
México y su gente, han buscado en el espacio cósmico de esa unión de dos razas un día sí y otro también; no negarnos de dónde venimos pero tampoco en donde estamos hoy, y hacia dónde queremos seguir; y es que, estamos designados a hacer grandes como país, pues no heredamos mediocridad sino entereza para lo que deparé la vida; somos orgullosamente una raza indo-español que no desfallecemos ante la adversidad, no la pensamos una vez y le entramos al problema determinantemente con la frente en alto.
Nos sacudimos las vicisitudes con facilidad y redoblamos esfuerzo para seguir en la refriega, ello ha hecho que muchos sean reconocidos por ese valor característico del mexicano. Es así como la corona española, más allá de perjudicar al país, llegó a poner orden administrativo en lo público otorgando cierta independencia a los recién creados ayuntamientos, entre otras estrategias, de avances tecnológicos, educativos, sociales, culturales e industrial- no olvidar que, en 1551, fue creada la Real y Pontificia Universidad de México, predecesora de la actual UNAM.
Lo que queda hoy dia es solo reconocer que hubo avances amplios para el país y no es tiempo de mirar atrás, de “pedir disculpas fuera de lugar”, más bien es momento de ver al frente; la hispanidad y la conquista tuvieron una importante etapa en la historia de la conformación de este país, lo demás es un despropósito con ánimo de polémica a destiempo.
El conjunto de fenómenos complejos de la conquista de Mexico y de America, fue una lucha armada y también espiritual y sobre la marcha algo inevitable, porque Europa estaba en un proceso de colonización y los mexicanos somos, justo eso, producto de la conquista cultural y espiritual, y ello no es cuestión de querer, es de saber y aceptar la realidad, que latenemos en nuestras manos. Otra vez: que no llegue el rumor de la discordia.
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