Por Javier Ibarra
La reciente inauguración de la Unidad de Hemodiálisis en el Hospital Tonalá Centro no es solo una obra de infraestructura, sino una respuesta directa a una de las crisis de salud más silenciosas y devastadoras de nuestro tiempo. La insuficiencia renal crónica se ha convertido en un desafío monumental para las familias jaliscienses, pues implica un desgaste físico y económico que pocos pueden sostener sin el apoyo del Estado. La hemodiálisis, en esencia, es un tratamiento de sustitución renal que realiza la función que los riñones ya no pueden cumplir: filtrar las toxinas, el exceso de sal y el agua de la sangre para mantener el equilibrio químico del cuerpo. Para un paciente renal, este procedimiento no es opcional, es la línea delgada que separa la vida de una tragedia inminente.
Este logro histórico no es producto de la casualidad, sino de una suma de voluntades políticas comprometidas con el bienestar social. En este sentido, destaca la gestión de la regidora Liliana Olea, quien desde el cuerpo colegiado del Ayuntamiento ha trabajado con énfasis y determinación por el bien de Tonalá. Su labor ha sido fundamental para asegurar que las políticas públicas del municipio se traduzcan en beneficios tangibles para la ciudadanía, impulsando acuerdos que priorizan la inversión en las áreas más sensibles para la población. La coordinación entre la visión ejecutiva y el respaldo legislativo que ella ha representado permite que hoy Tonalá cuente con un servicio de salud de vanguardia.
La visión del presidente Sergio Chávez ha sido clara: romper la barrera de la exclusión médica. Su compromiso se manifiesta en la creación de un espacio donde la tecnología de punta se encuentra con un trato humano y digno. Esta sensibilidad política reconoce que la salud no puede ser un privilegio condicionado al código postal o al nivel de ingresos. Al ser Tonalá el primer municipio del estado en operar directamente una unidad de esta naturaleza, se envía un mensaje contundente sobre la responsabilidad gubernamental. La gestión se aleja del asistencialismo básico para entrar en la medicina de alta especialidad, priorizando la dignidad de quienes más lo necesitan.
Finalmente, el nombre de Sor Bertha López Chávez que ahora preside esta unidad, sintetiza el espíritu de este proyecto. Representa la transición de la voluntad individual de servicio a una política institucional de cuidado permanente. Con la capacidad de atender a 56 pacientes diarios, el Hospitalito Tonalá Centro se convierte en un faro de esperanza. Esta unidad es el reflejo de un gobierno que escucha el dolor de su gente y responde con hechos, asegurando que nadie en Tonalá tenga que librar la batalla contra la enfermedad renal en el abandono o la precariedad.
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