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El Parlamento Monárquico de la Frivolidad

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Por Jorge Eduardo García Pulido.

Del sueño de ser arquitecta, a estudiar comunicación, ser presidente electa a ser Project manager de su empresa paraestatal con su socio, Bernardo Fernández Labastida. Resulta fascinante y a la vez trágico observar cómo el sueño de ser lo que no se es termina por devorar la realidad institucional de una ciudad como Guadalajara. Existe una desconexión profunda entre quienes pretenden entender la construcción y quienes realmente conocen el rigor de los procesos y conceptos de obra. No basta con rodearse de ingenieros para aprender lo que la experiencia y la ética profesional dictan; sin embargo, el ego de la presidente de Guadalajara parece dictar una realidad alterna donde la ciudad es un escenario para su proyección personal y no un organismo vivo que requiere respeto técnico y social.

Esta visión distorsionada se manifiesta en hitos que hoy aceptamos sin cuestionar, pero que en el fondo revelan carencias conceptuales y, sobre todo, una opacidad financiera alarmante. La Minerva, por ejemplo, persiste como un error urbano que ha terminado por cimentar una falsa idea de mexicanidad. Pero más allá de la estética, la realidad es técnica: las intervenciones realizadas por este ayuntamiento en La Minerva, en la Plaza Liberación de Ignacio Díaz Morales y en el Parque Revolución (el Parque Rojo) de Rodolfo y Luis Barragán Morfín, simplemente no valen lo que las están cobrando, es notorio el sobreprecio. Estas obras, que deberían ser tratados de respeto al patrimonio, se han convertido en facturas infladas que solo hacen creer que la presidente y su socio encarecen los procesos para beneficiar intereses ajenos a los tapatíos.

Bajo este esquema, la frivolidad del desdén institucional hacia Movimiento Ciudadano y la urgencia por sentirse una figura erudita o un influencer de la política han dejado la puerta abierta al saqueo. La usurpación de espacios por parte de grupos regiomontanos que correspondían originalmente al equipo de campaña es solo la punta del iceberg de una traición mayor.

Esa traición, que se hizo evidente tras la salida de Caabsa y el quiebre con Enrique Alfaro, ha mutado en negocios millonarios que hoy circulan en las ruedas de los camiones de la basura; negocio que le incluyó un premio internacional de limpieza, una condecoración que contrasta dolorosamente con la realidad de las calles. Este tema, del cual profundizaré en los próximos días, es el ejemplo más nítido de cómo se ha saqueado la presidencia de Guadalajara bajo un manto de aparente modernidad. Mientras la administración vive en su burbuja de privilegios y redes sociales, los ciudadanos heredan una ciudad encarecida y una institucionalidad fracturada por la ambición de quienes confundieron el servicio público con una pasarela de poder personal.

Pregunto al equipo de Nuevo Guadalajara si están prestos y listos para recorrer las más de 980 secciones de Guadalajara, porque los militantes, simpatizantes y actores ya no confían en Vero. La reelección se ve muy complicada, además de que en Guadalajara no está condicionada la participación de varones.


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