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Incompetencia Inoculada: El Regreso del Sarampión

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Por Jorge Eduardo García Pulido

La verdad Jalisco

Jalisco ha pasado de ser un referente de vanguardia a convertirse en el epicentro nacional de una crisis sanitaria que debería avergonzar a cualquier administración moderna.

El brote de sarampión que hoy asfixia al estado no es producto de una mutación impredecible ni de un fenómeno inevitable del destino. Es, llanamente, el resultado de una negligencia sistemática y de la erosión de las instituciones encargadas de velar por la vida de los ciudadanos. Ocupar el primer lugar en contagios a nivel federal no es un dato estadístico, es el síntoma de un sistema de salud que prefirió la autocomplacencia política por encima de la vigilancia epidemiológica real.

La historia nos enseña que esta enfermedad milenaria solo encuentra terreno fértil ahí donde la guardia ha sido bajada de forma irresponsable. Lo que hoy vivimos es la consecuencia directa de haber permitido que los niveles de vacunación descendieran a mínimos históricos durante los últimos años. Se ignoraron las señales de alerta y se subestimó la capacidad destructiva de un virus que, aunque antiguo, no perdona los vacíos de autoridad. Mientras la burocracia se ocupaba de las apariencias y las cifras alegres, el silencio de los biológicos faltantes en los centros de salud preparaba el escenario para esta contingencia que hoy desborda las capacidades estatales.

La respuesta oficial ha sido tardía y carente de autocrítica. Se pretende mitigar con recomendaciones superficiales un incendio que requiere de una intervención estructural inmediata.

El gobierno no puede limitarse a señalar la desinformación de la ciudadanía cuando es su propia ausencia la que ha generado la desconfianza. La epidemiología actual exige que las brigadas invadan las calles y que la vacunación deje de ser un trámite burocrático para convertirse en una movilización de emergencia nacional. Cada caso nuevo en la zona metropolitana es un recordatorio de que la prevención se descuidó para atender agendas que nada tienen que ver con el bienestar social.

México y Jalisco corren el riesgo de perder décadas de progreso científico por la falta de una gestión pública eficiente. La erradicación de enfermedades no se logra con comunicados de prensa ni con paliativos temporales; se logra con presencia territorial y con un compromiso ético con la salud colectiva. Si el gobierno estatal no asume su responsabilidad en este retroceso histórico, la crisis del sarampión será recordada no solo como un problema médico, sino como el monumento a la incompetencia de una gestión que le dio la espalda a la ciencia y a su gente.


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