Por Alberto Jiménez Martinez.
En Jalisco empieza a romperse un mito:
El de la supuesta superioridad moral de gobiernos que llegaron al poder prometiendo “no robar, no mentir y no traicionar”, pero que *replican las mismas prácticas que decían combatir*.
La reciente detención del alcalde de Tequila, emanado de Morena, *no es un hecho aislado*. Es un síntoma.
Un síntoma de cómo, bajo el discurso de la transformación, *muchos gobiernos municipales terminaron capturados por redes de abuso, discrecionalidad y corrupción cotidiana*.
En este contexto, Tlaquepaque hoy enfrenta un creciente malestar social:
* denuncias ciudadanas por *extorsiones a comercios*,
* uso discrecional de inspectores y fuerza pública,
* abandono de servicios básicos,
* deterioro urbano acelerado,
* y una administración municipal *alejada del territorio*.
Nada de esto ha sido explicado con claridad por el gobierno encabezado por *Laura Imelda Pérez*, también vinculada a Morena.
La pregunta que empieza a circular en el ambiente político no es si hay problemas —porque los hay—,
sino *hasta dónde llega la responsabilidad política de quien gobierna cuando estas prácticas se toleran, se normalizan o se silencian*.
Mientras a nivel nacional se presume combate a la corrupción,
en lo local *algunos gobiernos de Morena se han convertido en lo mismo que juraron combatir*.
Por eso, cada nuevo caso —como el de Tequila— *golpea directamente la credibilidad del discurso moralista*,
y abre la puerta a una revisión incómoda:
¿cuántos gobiernos municipales están sosteniéndose solo en el eslogan, pero no en los hechos?
En Tlaquepaque, la coyuntura es clara:
* Un gobierno municipal bajo creciente cuestionamiento,
* Un partido que prometió ser distinto y hoy se defiende con silencios,
* Y una oposición que empieza a reorganizarse con narrativa, estructura y territorio.
El mensaje que empieza a permear es simple, pero potente: *No basta con decir que no se roba; hay que demostrarlo gobernando bien*.
Y en Jalisco, cada vez más ciudadanas y ciudadanos están dejando de creer en slogans y empezando a exigir *resultados, legalidad y responsabilidad política real*.
La detención del alcalde de Tequila rompe el mito de la superioridad moral municipal de Morena.
En Tlaquepaque crece el malestar social mientras el gobierno guarda silencio.
No robar, no mentir y no traicionar no puede quedarse solo en consigna.
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