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No es crisis, es un desgarriate: Morena Jalisco pierde la calle y la credibilidad de sus propios promoventes

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Jorge Eduardo García Pulido

La verdad Jalisco

GUADALAJARA, JALISCO. — Hay que decirlo con todas sus letras: En Morena Jalisco no hay una crisis, porque una crisis implica un sistema en riesgo; lo que hay hoy es un desgarriate absoluto.

La prueba reina ocurrió hace unos días: El doctor no llena y ya no llenará sus eventos. La salida de Martín Lozano, quien ya no trabaja más para el movimiento y hoy construye la estructura de «Somos» en Jalisco, fue el golpe de realidad que desnudó al rey. Y ya se notó: sin Lozano, los falsos operadores del Doctor le volvieron a mentir y no llenó su “evento”.

Las sillas vacías no son casualidad, son el mensaje de unos promoventes que han perdido la fe. La credibilidad del movimiento entre quienes tocan las puertas y sudan la camiseta se ha esfumado. Han sido tantas las promesas incumplidas y el maltrato de los operadores de confianza de Lomelí, que la base social simplemente decidió bajar los brazos.

En medio de este vacío operativo, la cúpula vive en una burbuja de ambición desmedida. El Doctor Lomelí, creyéndose dueño de un capital político que se le escapa entre los dedos, intenta repartir candidaturas en un tablero que ya no controla.

En Tlaquepaque: La presidenta Erika Pérez busca imponerse como candidata, chocando de frente con las aspiraciones de Alberto Maldonado, Francisco Ramírez «Choco», la alcaldesa Laura Imelda y el hoy «verde» Alberto Alfaro, quien sigue metiendo mano en la zona.
En Tonalá: La diputada Martha Arizmendi quiere la silla, pero se topa con la resistencia de la regidora Liliana Olea, Nicolás Maestro y el ex regidor Alejandro Buenrostro, quienes tienen el pulso local que a la cúpula le falta.
En Guadalajara: El caos es total. Mery Pozos, Claudia Delgadillo, Chema Martínez, el alcalde tonalteca Sergio Chávez y el propio Lomelí se disputan una candidatura que, sin estructura, es un cascarón vacío.

Lomelí, Pérez y Arizmendi, el tridente que busca la imposición ante toda la gente. La base molesta reclama su rol, cansada del mismo y viejo control. Martha tiene fuerza, no ocupa la ola, el médico y la presidenta le estorban, le quitan la aureola, ¡Arizmendi se basta, ella de darse el caso puede sola!, al tiempo.

La degradación política: El caso Alfaro. El desorden es tal, que permite fenómenos vergonzosos como el del diputado Alberto Alfaro. Su salida al Partido Verde no fue dignidad, fue mercado. Es sabido que Alfaro se vendió a quien lo quiso comprar; primero rogó entrada en Movimiento Ciudadano y, al ser ignorado, buscó refugio en el Verde. Él y Brenda Carrera huyeron no solo por oportunismo, sino por los amagues de Lomelí de bloquearlos en sus comisiones legislativas.

El fin del Humanismo Mexicano. El Doctor Lomelí no está mal por aspirar; su error es rodearse de mentirosos y creer que puede ganar sin el pueblo. Al abandonar el Humanismo Mexicano y los dogmas de Andrés Manuel López Obrador, Morena Jalisco ha roto su pacto sagrado con los promoventes.

Hoy, Morena en el estado no es un partido, es un desgarriate de intereses personales donde los operadores mienten, el Doctor se queda solo y la estructura real migra a donde sí la valoran, y sinceramente la simulación el Médico no la merece, pero el la permite.


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