
Por: Arq. Jorge Eduardo García Pulido
La verdad Jalisco.
La política universitaria suele perderse en el romanticismo de los pasillos, pero la realidad de hoy se mide en el torniquete. Mientras la Secretaría de Transporte y los concesionarios discuten una «tarifa técnica» de 14 pesos, el estudiante de la Universidad de Guadalajara vive una aritmética de supervivencia: si el pasaje sube, el aula se vacía.
Como arquitecto, entiendo que la ciudad es una red de flujos; cuando un flujo se bloquea por costo, la estructura social se fractura. Hoy existen centros universitarios que están en una especie de terapia intensiva de movilidad. Estudiantes del CUCBA y CUTonalá dependen de rutas como la C98 o el SiTren, enfrentando transbordos que hoy, bajo la incertidumbre tarifaria, podrían representar hasta el 15% del ingreso familiar mensual. Para ellos, este conflicto no es un ajuste técnico, es una sentencia de deserción.
Lo mismo ocurre en la sede de Huentitán del CUAAD, donde la saturación de la zona de la Barranca y la dependencia de Mi Macro Calzada pone a miles de futuros creativos a mercer de un sistema que, sin el subsidio blindado de los $9.50, los deja aislados. En las regiones, como CULagos o CUValles, el panorama es aún más desolador, pues el transporte no es solo urbano, sino suburbano y considerablemente más caro, donde la falta de claridad sobre los descuentos estudiantiles golpea con el doble de fuerza.
Aquí y ahora, la comunidad universitaria no busca discursos de identidad; busca resultados operativos. La FEU, liderada hoy por Zoé García, se encuentra en un momento definitorio. Su papel en las mesas de diálogo debe ser el de un freno de emergencia. La fraternidad no es un concepto abstracto; es el hecho de que un dirigente estudiantil no se levante de la mesa hasta que el compromiso del subsidio esté firmado y garantizado. La comunidad requiere de sus líderes una postura pragmática: si no hay tarifa social protegida por escrito, no hay paz social.
Los nombres que hoy encabezan la FEU tienen una cita con la realidad, no con el espejo de la historia. Se les necesita presentes en las paradas de camión de Periférico Norte y en las terminales de Tlajomulco. La legitimidad de la organización se juega en que el hijo de la trabajadora del hogar pueda seguir llegando a la preparatoria sin que el transporte le robe el presupuesto para comer.
El ultimátum de paros escalonados para este viernes no es un capricho político; es la única moneda de cambio en un sistema que solo entiende de presiones económicas. La FEU debe recordar que su razón de ser es ser el contrapeso del poder económico de los transportistas y la cautela presupuestal del Gobierno. Si la Federación falla en garantizar que el subsidio anunciado llegue directo al bolsillo del alumno sin letras chiquitas, habrá fallado en su misión primaria. Hoy más que nunca, la comunidad requiere que la FEU sea el escudo. Porque para transformar a Jalisco, primero hay que poder llegar a la universidad.
Como bien sentenció Salvador Allende: «Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica»; pero hoy, esa revolución comienza defendiendo el derecho más básico: el de poder moverse libremente hacia el conocimiento.
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