Redacción; La Verdad Jalisco
Guadalajara, Jalisco – Los datos más recientes publicados por el INEGI y la Secretaría de Educación, procesados con cifras definitivas al cierre de 2025 y proyecciones para el ciclo 2025-2026, revelan que Jalisco enfrenta un desafío crítico en la permanencia de sus estudiantes. Aunque los discursos oficiales resaltan la innovación, la estadística cruda muestra que el abandono escolar sigue siendo un síntoma de profundas carencias sociales y de un sistema de «competencias» que no logra abrazar la diversidad del talento humano.
De acuerdo con los indicadores de eficiencia terminal y abandono escolar del INEGI (2025), la trayectoria de los estudiantes jaliscienses se fractura a medida que avanzan en su formación. Mientras que en primaria la tasa de abandono se mantiene en niveles bajos (aprox. 0.58%), la realidad se torna sombría al llegar a la educación media superior.

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El análisis de la deserción escolar en las regiones de Los Altos y la Zona Norte de Jalisco revela cómo la homogeneidad del modelo educativo actual choca con las vocaciones regionales y las inteligencias específicas de sus habitantes. |
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En la Zona Norte, la falta de una oferta educativa que integre los saberes tradicionales, las artes originarias y el desarrollo técnico vinculado al territorio genera una desconexión entre el aula y la realidad del estudiante. Al no encontrar espacios que validen la inteligencia creativa o las capacidades manuales vinculadas a su cosmovisión, el sistema opera bajo una lógica de cumplimiento que resulta ajena, derivando en una tasa de abandono superior al promedio estatal. En esta región, la educación media superior se percibe a menudo como un trámite administrativo que no ofrece herramientas para la autonomía económica o el desarrollo artístico, lo que acelera el tránsito de los jóvenes hacia actividades productivas fuera del entorno escolar. Por otro lado, en la región de Los Altos, la dinámica de abandono está estrechamente ligada a la falta de diversificación en los oficios técnicos y la formación artística profesional. A pesar de ser una zona con una fuerte identidad productiva y cultural, la oferta académica se mantiene rígida, priorizando competencias genéricas que no reconocen las capacidades humanas orientadas a la innovación técnica especializada o a las industrias creativas locales. El estudiante que posee una inteligencia práctica o una inclinación hacia las artes manuales y el diseño se enfrenta a una estructura de evaluación que lo clasifica negativamente. Esta falta de reconocimiento a las distintas inteligencias fomenta una sensación de fracaso académico que, sumada a la fuerte tracción económica del sector agroindustrial y comercial de la zona, convierte al abandono escolar en una opción pragmática frente a un sistema que no ofrece una ruta clara para el desarrollo de sus aptitudes naturales. La ausencia de bachilleratos de artes y escuelas técnicas de alto nivel en estas regiones actúa como un filtro que expulsa a quienes no encajan en el perfil lógico-matemático tradicional. Esta segmentación es una forma de violencia institucional que priva al estado del potencial de sus jóvenes, al no proveerles de un entorno que motive el descubrimiento de sus propias capacidades. El modelo educativo en estas regiones requiere evolucionar hacia un esquema que deje de estereotipar el aprendizaje y que, en su lugar, fomente la semilla de la inquietud a través de las artes y la formación técnica especializada. Mientras el sistema continúe ignorando que cada mente posee ritmos y talentos distintos, la deserción en Los Altos y la Zona Norte seguirá siendo el reflejo de una estructura que clasifica en lugar de potenciar, obligando al individuo a abandonar su formación para poder, simplemente, ser él mismo. |
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