
Jorge Eduardo García Pulido.
La verdad Jalisco.
Dice una enseñanza profunda del libro Sefer Yetzirah (Sefer Ietzirá), pilar de la Kabbala que, antes de descender a este plano, a cada alma se le permite asomarse a un espejo espiritual. En ese reflejo, el alma vislumbra la vida que habrá de recorrer, los desafíos que enfrentará y el impacto que dejará en los demás. Solo después de aceptar ese destino, el alma nace. Bajo esta premisa, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz no fue una casualidad de la política; él eligió ser el hombre que dedicaría su existencia a generar bienestar, aceptando la responsabilidad de ser un transformador de realidades, sin importar lo demás.
Ese compromiso de vida se manifestó en una lucha incansable por la justicia social para el género femenino, entendiendo que el bienestar de Jalisco era incompleto sin el empoderamiento y la protección de las mujeres. Del mismo modo, su visión llevó al estado a consolidarse como el gigante agroalimentario de México, impulsando el campo con una pasión que trascendió fronteras. Jorge, o «Aris», como se le recuerda con cercanía, fue un hombre que supo mirar más allá de lo evidente para sembrar progreso donde otros solo veían dificultades.
Paradójicamente, ese espíritu de unión se materializó este 26 de enero con la inauguración de la calle que lleva su nombre en el municipio de Tonalá. Se trata de una vía que, de forma simbólica, une dos mundos diferentes, tal como Jorge lo hacía en vida a través de su política inclusiva. Al evento asistieron su viuda, familia y amigos, acompañados por el Gobernador del Estado y el presidente municipal de Tonalá, Sergio Chávez. Este último, visiblemente conmovido y agradecido, señaló la magnitud de lo que el exgobernador hizo por el municipio, destacando que su legado no solo es de cemento, sino de gratitud.
En el acto, el actual gobernador coincidió con este sentimiento al recordar que, en su etapa como alcalde de Zapopan, Aristóteles jamás vio colores partidistas, sino necesidades humanas. Tal vez sea cierto lo que se dijo en el estrado: que a un gobernante no se le recuerda primordialmente por las obras, sino por su calidez humana. Sin embargo, es imperativo reconocer que Jalisco aún tiene una deuda histórica con Tonalá. Más allá de la inteligencia o el estilo «arrebatado» que pueda ostentar por su estilo Jalisco, la actual administración estatal, el progreso debe llegar con acciones contundentes y no con demagogia.
Sergio Chávez ha sido pionero y guía para que Tonalá esté cada día mejor, trabajando bajo la misma mística de Jorge: hacer que las cosas sucedan. Es necesario que se recuerde a la actual gestión de Pablo Lemus en su momento, no por discursos, sino porque Tonalá dejó de ser, despectivamente, ese «patio de vecindad» que el resto de la Zona Metropolitana de Guadalajara cree que es. La memoria de Jorge Aristóteles Sandoval Díaz nos obliga a mirar ese espejo del Sefer Yetzirah y preguntarnos qué elegimos ser hoy para el bienestar de mañana; que su nombre en una calle de Tonalá sea el inicio de la justicia que este municipio merece.
Gracias por tanto Jorge Aristóteles Sandoval Díaz.
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