
Por: Arq. Jorge Eduardo García Pulido
Director de La Verdad Jalisco
En la arquitectura, una estructura se sostiene por el equilibrio de sus cargas y la solidez de sus cimientos. Sin embargo, en la política global de este inicio de 2026, estamos presenciando la demolición controlada del orden internacional que conocimos, para dar paso a lo que podríamos llamar una «arquitectura del caos». El regreso de Donald Trump al poder no es solo un cambio de administración; es el diseño deliberado de un nuevo paradigma donde la ley se subordina a la voluntad personal.
La frase que resuena desde Washington este enero es lapidaria: “Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”. Esta declaración no es un exabrupto, es el plano maestro de su segundo mandato. El poder ya no reside en los marcos jurídicos internacionales, sino que emana directamente del sujeto que gobierna. Como constructores de sociedad, debemos entender que el «trumpismo» ha dejado de ser una anomalía para convertirse en un sistema que gobierna desde la exposición cínica y el espectáculo.
Vivimos una transición histórica hacia una estructura tripolar definida por Estados Unidos, China y Rusia. Pero hay una diferencia fundamental en sus cimientos: mientras China apuesta por la planificación y la infraestructura (la Nueva Ruta de la Seda), y Rusia se consolida sobre su potencia militar y energética, Estados Unidos opera desde la conciencia de su propio declive relativo.
Al haber perdido la autoridad moral para liderar mediante el consenso, Washington recurre al caos como instrumento de poder. Es la aplicación geopolítica de la «Doctrina del Shock» descrita por Naomi Klein: producir incertidumbre deliberada para imponer condiciones. No buscan estabilizar el edificio, sino dinamitar las salidas para obligar a todos a negociar en su terreno.
América Latina: El «Patio Trasero» Rediseñado. Para nosotros en México y América Latina, el plano es alarmante. La Estrategia Nacional de Seguridad de EE. UU. (NSS-2025)reactualiza la Doctrina Monroe, redefiniendo nuestra región no como socios, sino como una zona de interés vital para la contención geopolítica.
La reciente captura del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero es la prueba tangible de esta «arquitectura de la fuerza». Con figuras como Marco Rubio en la Secretaría de Estado y Pete Hegseth en la Secretaría de Guerra, el mensaje es claro: la diplomacia ha sido sustituida por operaciones de asfixia y militarización. La soberanía se vuelve un concepto frágil ante un vecino que ya no actúa como garante del orden, sino como su principal factor de inestabilidad.
El Panóptico Digital y el Futuro. Finalmente, esta nueva era trae consigo un diseño de control interior. La vigilancia digital masiva y la militarización de la vida cotidiana están construyendo una sociedad donde la privacidad es el costo a pagar por una falsa seguridad.La metáfora de 1984 de Orwell ha dejado de ser literatura para convertirse en referencia política concreta.
Desde La Verdad Jalisco, y bajo la óptica crítica que siempre hemos defendido, es vital comprender que el 2026 no inaugura un nuevo orden estable, sino una correlación de fuerzas volátil. Nos enfrentamos a un imperio de moral propia que compensa su pérdida de hegemonía con fuerza bruta. Nos toca a nosotros, desde el pensamiento crítico y la acción local, resistir y proponer cimientos más humanos ante esta inminente estructura de dominación.
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