«Ojalá que la utopía no se desgaste en consignas, sino que se reinvente en la sensibilidad.»

Jorge Eduardo García Pulido.
El hombre nuevo y el espejo de la utopía
En sus escritos, Ernesto Guevara de la Serna delineó la noción del hombre nuevo, figura que debía trascender el egoísmo individual y encarnar la ética revolucionaria. En textos como El socialismo y el hombre en Cuba (1965), el Che insistía en que la transformación no podía limitarse a la economía o la política, sino que debía ser también cultural y espiritual. El “superhombre” guevarista no era un héroe armado, sino un ser que se construía a sí mismo en comunidad, reflejando la utopía en su vida cotidiana.
Senel Paz, escritor cubano, publicó en 1990 el cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, que luego adaptó al guion de la película Fresa y Chocolate (1993), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. La cinta se convirtió en un hito del cine cubano al mostrar las tensiones entre ideología oficial y libertad individual. Allí, el arte funciona como catalizador de diálogo: un espejo que obliga a mirar lo diverso, lo incómodo, lo humano. La revolución cultural se revela como la que abre grietas en los muros del prejuicio y permite que la sensibilidad sea parte de la transformación social.
Silvio Rodríguez, figura central de la Nueva Trova Cubana, compuso Ojalá en 1969, incluida en su álbum Al Final de Este Viaje…. Aunque suele interpretarse como un lamento amoroso, la canción también ha sido leída como metáfora de ruptura y deseo de cambio. El uso reiterado de “ojalá” convierte la letra en plegaria colectiva: un anhelo de que la revolución se reinvente desde la sensibilidad, de que la esperanza nazca del deseo profundo de un mundo distinto. La canción se instala en lo político porque su fuerza poética abre la posibilidad de imaginar un futuro más humano.
El Che, Silvio y Paz nos recuerdan que la revolución no siempre se hace desde las armas. La verdadera insurgencia ocurre en la palabra, en la imagen, en la canción. El arte es el espejo donde la utopía se reconoce y se proyecta, y en ese reflejo la transformación se vuelve posible. La revolución de las palabras y sueños es la que no mata, sino que despierta; la que no excluye, sino que convoca; la que no se impone, sino que inspira.
La revolución de las palabras y sueños no necesita pólvora:
Se enciende en la conciencia.
No dispara balas, dispara preguntas.
No levanta trincheras, levanta puentes.
No busca obediencia, busca sensibilidad.
Porque la verdadera insurgencia es la que transforma la mirada, la que convierte la canción, el cine y la utopía en armas invisibles.
Ojalá que nunca olvidemos que la revolución más duradera es la que se escribe, se canta y se imagina.
· Ernesto Guevara, El socialismo y el hombre en Cuba (1965).
· Senel Paz, El lobo, el bosque y el hombre nuevo (1990); guion de Fresa y Chocolate(1993).
· Silvio Rodríguez, canción Ojalá (1969), álbum Al Final de Este Viaje….
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