
Jorge Eduardo García Pulido
En Tonalá, tierra de barro y memoria, los políticos suelen pasar como piezas quebradas en el taller. Pero Nicolás Maestro Landeros no. Él se forjó en la Colonia Jalisco, con arraigo real y oficio público que no se improvisa. Su nombre no es un adorno en la boleta: es parte de la tradición política que todavía huele a confianza y trabajo serio.
En el Congreso del Estado, Maestro Landeros no fue un diputado de saliva fácil ni de ocurrencias pasajeras. Sus iniciativas buscaron ordenar la casa: transparencia, participación ciudadana y urbanismo con sentido. No se le recuerda por discursos huecos, sino por propuestas que tocaron la vida cotidiana de los tonaltecas.
La política es también un juego de confianza, y Sergio Chávez lo entendió al nombrarlo dos veces síndico del Ayuntamiento de Tonalá. Ese cargo no se regala: se otorga a quien sabe defender el patrimonio municipal y blindar la legalidad. Maestro Landeros lo hizo con sobriedad, sin escándalos, sin manchar la tradición de servicio.
¿Por qué siempre aparece como aspirante serio?
Porque su arraigo comunitario no es marketing, es historia viva en la Colonia Jalisco.
· Porque su experiencia legislativa y administrativa lo coloca en una liga distinta: conoce el poder desde dentro.
· Porque la confianza institucional que le han depositado lo convierte en un referente de estabilidad.
· Porque su estilo sobrio y eficaz es raro en tiempos de estridencia política.
En un municipio donde abundan los improvisados y los oportunistas, Nicolás Maestro Landeros se mantiene como un político de barro fino: moldeado por la tradición, endurecido por la experiencia y con la capacidad de resistir el fuego de la crítica. No es casualidad que su nombre siempre esté en la conversación: es la consecuencia natural de una trayectoria que lo hace aspirante serio, cada vez que se abre el juego político en Tonalá. En un escenario político lleno de piezas frágiles y figuras de yeso que se quiebran al primer golpe, Nicolás Maestro Landeros es como una vasija de barro tonalteca: moldeada con paciencia, cocida en el fuego de la experiencia y capaz de resistir el paso del tiempo sin perder su forma.
Por eso, cada vez que se abre el juego político en Tonalá, su nombre regresa con fuerza: porque no es un improvisado, sino un político de barro fino, hecho para durar.
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