Jorge Eduardo García
La noción de “destrucción creativa”, formulada por Joseph Schumpeter en Capitalismo, socialismo y democracia (1942), describe el proceso mediante el cual el capitalismo se renueva constantemente a través de la innovación. Para Schumpeter, el progreso económico no es lineal ni armónico: es un “vendaval perenne” que simultáneamente crea y destruye. Cada innovación desplaza lo existente, desmantela industrias, prácticas y estructuras, y abre paso a nuevas formas de organización.
Este concepto, aunque concebido en el ámbito económico, resulta sumamente fértil para analizar fenómenos políticos y sociales. La llegada de Morena al poder y la presidencia de Andrés Manuel López Obrador constituyen un ejemplo de destrucción creativa aplicada al campo político: el cese de los gobiernos neoliberales y tecnócratas que dominaron la vida pública durante décadas, y la instauración de un proyecto que se reivindica como alternativo.
El propio López Obrador, en sus textos críticos hacia la tecnocracia, ha señalado cómo la política se redujo a un ejercicio de administración técnica, distante de las necesidades sociales. La tecnocracia, en su visión, convirtió al Estado en un aparato de cálculo y eficiencia, pero desprovisto de sensibilidad histórica y comunitaria. Frente a ello, su proyecto se presenta como una reingeniería del gobierno, que busca devolver centralidad a lo popular, lo social y lo nacional.
El duelo como metáfora política
La transición no solo es institucional, sino también emocional y cultural. La sociedad mexicana transita por un duelo colectivo, que puede describirse a través de las etapas clásicas:
· Negación: incredulidad de las élites ante el fin del modelo neoliberal.
· Ira: reacción de los sectores conservadores frente a la pérdida de privilegios.
· Negociación: intentos de adaptación mediante pactos y ajustes institucionales.
· Depresión: sentimiento de pérdida en quienes añoran la estabilidad tecnocrática.
· Aceptación: lenta asimilación de un nuevo orden político, aún marcado por tensiones.
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Este duelo revela que la destrucción creativa no es un proceso meramente económico: es también un fenómeno cultural y simbólico que afecta la identidad colectiva.
Polarización y memoria crítica
La polarización generada por los neoliberales conservadores no es un accidente, sino una consecuencia estructural de la destrucción creativa. Al perder su hegemonía, los defensores del paradigma tecnocrático convierten la nostalgia en resistencia, y el duelo en batalla simbólica. La sociedad mexicana enfrenta así un dilema: transformar la pérdida en posibilidad o perpetuar la confrontación como forma de identidad política. La exquisitez de este proceso radica en su complejidad: no se trata de un simple reemplazo de actores, sino de una reconfiguración de valores, símbolos y narrativas. La política mexicana se debate entre la memoria de la racionalidad tecnocrática y la irrupción de un proyecto que reivindica lo social y lo histórico. En esa tensión, la sociedad se convierte en protagonista de un duelo que, lejos de ser patológico, puede ser entendido como un rito de transición hacia nuevas formas de convivencia política.
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