Close

El Espejo de Weber: La Dominación Híbrida en el México de la 4T

Carlos Anguiano

El proyecto de la Cuarta Transformación y su vehículo político, MORENA, han reconfigurado la dinámica del poder en México de una manera que exige una mirada analítica, despojada de pasiones y prejuicios. La sociología de Max Weber, particularmente su teoría de la dominación, ofrece un marco conceptual riguroso para interpretar la arquitectura del régimen actual, liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tras la impronta fundacional de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Lo que emerge es una compleja y tensa síntesis de los tipos ideales weberianos, una dominación híbrida donde el carisma rutinizado es la fuerza motriz que busca subyugar al andamiaje racional-legal del Estado moderno.

Weber definía la dominación carismática como aquella basada en la devoción extraordinaria a un líder, percibido como dotado de cualidades únicas. En México, el carisma de AMLO fue la fuente de legitimidad original de MORENA. Tras la transición de 2024, la principal estrategia de MORENA y el gobierno de Sheinbaum se centra en la rutinización de ese carisma, significando la transformación del fervor emocional en estructuras de poder duraderas. Se manifiesta en dos frentes cruciales:

1. El Control Burocrático-Partidista: La hegemonía de MORENA en el Ejecutivo, el Congreso, y la mayoría de los gobiernos estatales (un fenómeno de Dominación Racional-Legalformal) se usa para impulsar reformas que anclen el proyecto. La disciplina de senadores y diputados no se basa en el debate racional, sino en la lealtad al proyecto superior y a su líder fundador. Esto es la burocracia, la herramienta más eficiente de la dominación legal, operando como instrumento del polo carismático, cumpliendo la advertencia de Weber sobre cómo esta puede volverse opresiva al servicio de fines ideológicos.
2. El Clientelismo de Tinte Tradicional: Los programas sociales (Pensiones, Sembrando Vida) son el puente perfecto entre el carisma y la tradición. Aunque se implementan con mecanismos racional-legales (padrones, transferencias bancarias), su comunicación y propósito evocan una Dominación Tradicionalpaternalista o clientelar. El Estado no es un garante impersonal de derechos, sino un benefactor cuya dádiva genera lealtad personalizada y gratitud, que se traduce en votos. Esta estrategia crea un «piso social» sólido, pero a costa de inhibir la racionalidad sustantiva—aquella orientada al bien común y la movilidad social, no solo a la lealtad.

El riesgo de esta dominación híbrida, como bien señala la sociología, es la erosión democrática. Un Estado moderno requiere instituciones sólidas, impersonales e independientes que ejerzan contrapeso Racional – Legal a la voluntad del líder. La Reforma Judicial que impulsó la elección popular de jueces (2025) ejemplifica este riesgo. Si bien puede presentarse como un acto de democracia directa, desde la óptica weberiana se ve como un intento de politizar y subyugar a la burocracia judicial al mandato partidista. Al alinear ideológicamente los poderes, se debilita la independencia judicial y se concentra el poder, señalando un avance hacia el «autoritarismo competitivo».

Además, el desgaste de la Fuerza Legítima, la normalización de la violencia política y el influjo del crimen organizado, representan el mayor desafío a la dominación weberiana. Un Estado se define por su monopolio del uso legítimo de la fuerza. La política de «abrazos, no balazos», al priorizar la contención social sobre la represión legal, crea un vacío que los cárteles llenaron, imponiendo su propia dominación híbrida (carismática y tradicional) en territorios clave. La erosión de la ley y el incremento de homicidios de candidatos socavan el corazón del Estado moderno.

La propaganda gubernamental y la maquina narrativa, heredada de las «mañaneras» de AMLO y continuada por Sheinbaum, es el mecanismo central para mantener la legitimidad carismática. La narrativa oficial establece una dicotomía simple: el proyecto transformador versus el «conservadurismo» o el «neoliberalismo». Esta estrategia de control narrativo no solo controla la agenda, sino que deslegitima la crítica racional (propia del debate legal-racional) al etiquetar a opositores y periodistas como enemigos del pueblo.

El gobierno, con el respaldo de sus mayorías, utiliza la ley (el polo racional-legal) para impulsar iniciativas como la militarización de la Guardia Nacional, expandiendo la dominación a través de estructuras jerárquicas con alto riesgo de autoritarismo. Paralelamente, las políticas económicas, aunque vendidas con retórica de «soberanía» (el mito carismático-nacionalista), enfrentan críticas por la falta de confianza jurídica y el endeudamiento, lo que tensa la relación con la racionalidad instrumental del mercado global.

El México de 2025 se encuentra en una encrucijada sociológica. El liderazgo, revestido de carisma rutinizado, utiliza los instrumentos del Estado legal-racional para consolidar un proyecto de base social sólida. El reto para la democracia no radica en atacar la legitimidad popular del proyecto, sino en velar por que la fidelidad carismática no socave las instituciones impersonales. Fortalecer los contrapesos, promover una burocracia independiente y exigir la restauración del monopolio de la fuerza legítima son acciones urgentes para asegurar que la dominación se oriente a la racionalidad sustantiva del bienestar popular y no al riesgo de un autoritarismo partidista.


Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0 Comments
scroll to top